lunes, 15 de febrero de 2016

Cómo saber si el niño es víctima de maltrato escolar

Educación

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SANTO DOMINGO.-Los planteles escolares son espacios donde los niños pasan muchas horas al día de manera ininterrumpida interactuando con compañeros y profesores, de ahí la importancia de que las condiciones en que se da esa interactuación sean favorables.

Sin embargo, si no hay buen manejo en ese interactuar, los infantes pueden sentirse maltratados y salir afectados física o psicológicamente. En ocasiones, se tiende a confundir dos términos: violencia escolar y el bullying. Dos cosas completamente diferentes.

En cualquiera de los dos casos, los padres deben conocer algunos aspectos que les pueden servir de alerta para saber si su hijo está siendo maltratado por algún compañero de clase o incluso algún maestro.

En este sentido, hemos abordado a Josie del Toro de Pérez, licenciada en Psicología, egresada de la UNPHU, quien se desempeña como psicóloga en el Colegio San Judas Tadeo desde hace 20 años.

¿A qué edad empiezan los niños a desarrollar la capacidad de hacer sentir mal a sus compañeros de clase?

Los niños menores de tres años no tienen la habilidad cognitiva de sentir empatía. Por ello, no se dan cuenta de que el otro sufre. A esa edad, habitualmente el niño pelea o agrede por un juguete o por tener control de un espacio. Luchan por conseguir esas metas.

Esto cambia después de los cuatro años, ya que tienen un mayor dominio de su círculo de interacción social y son capaces de usar mejor el lenguaje haciendo que la conducta agresiva se vuelva más “verbal”. Sin embargo, desde esas edades también son capaces de buscar formas más positivas para conciliar y relacionarse. Es común que los niños peleen, especialmente en culturas como la nuestra, donde se privilegia la competitividad, la jerarquía y la violencia desde los comics de la televisión, los juegos, hasta las conductas de los padres.

La influencia de modelos de referencia de adultos es algo de vital importancia, ya que el niño copia comportamientos de los padres o adultos de su entorno. Donde hay carga de violencia explícita o sutil, entre la familia y hasta sobre ellos mismos, provoca que manifiesten estos comportamientos cuando salen de casa, en muchas ocasiones por el nivel de frustración que en ellos se genera y que buscan compensar con otros niños.

¿A qué considera se debe que se haya generalizado esta práctica?

Creo que la práctica del bullyng o acoso es “vieja”. Para hablar de “acoso escolar o bullyng” debemos hacer precisiones importantes, partiendo de la definición aceptada de esta problemática: “Es un acto agresivo e intencionado, llevado a cabo por un individuo o grupo, de forma repetida y a lo largo de un tiempo, contra una víctima que no se puede defender por sí misma por razones de tamaño o fuerza superior, o por el número de agresores o por su pobre resistencia psicológica”. No todo es acoso o bullyng. No es algo que ocurra aisladamente o de forma casual. 

Estamos más atentos y preocupados con esta problemática por las consecuencias que se están evidenciando. Como los valores de la convivencia actuales son diferentes, es probable que ello esté incidiendo en un aumento de estas conductas. Estamos viendo el aumento de casos de adolescentes y adultos con trastornos emocionales y de personalidad cuyo origen suele remontarse al maltrato que recibieron en edades tempranas.

Niños y jóvenes adolescentes están más expuestos a medios (televisión, juguetes, redes sociales) que antes no eran habituales; las madres están más ocupadas fuera del hogar y los niños van más temprano a las escuelas, (lo cual tiene aspectos más positivos que negativos), donde socializan con otros niños quizás más tempranamente; su manejo está más a cargo de personas ajenas al círculo familiar (cuidadoras) y, sin dudas, las familias están más desestructuradas y divididas, con todo lo que ello conlleva.

Conductas que pueden ser indicadoras de que el niño está recibiendo maltrato 
- Cambios inexplicables y pocos habituales de comportamiento y humor.
- Llanto y tristeza frecuentes.
- Pesadillas, cambios en el patrón de sueño o del apetito.
- Dolores somáticos de cabeza, etc.
- Deterioro de objetos escolares.
- Golpes, hematomas, rasguños, 
accidentes que no explica con claridad.
- Se niega a ir a la escuela, a paseos o excursiones o prácticas deportivas.
- Requiere compañía adulta para 
entrar o salir de la escuela.

¿Puede darse el caso de que el maltrato pueda llegarle de un profesor?

¡Claro! Es penoso tener que admitir que el encargado de formar niños y jóvenes manifieste comportamientos que puedan generar trastornos a sus vidas y a su desarrollo personal.

Pero sí, existen numerosas referencias al respecto. 
Por lo general el maestro, que es un ser humano y aunque ello no lo excusa, no podemos olvidarlo, puede transportar la carga de sus problemas cotidianos y frustraciones personales a su lugar de trabajo, en este caso un aula con alumnos.

Eso suele manifestarse, habitualmente, con agresiones verbales, humillaciones o burlas frente al grupo, situaciones disfrazadas muchas veces como ejercicio de poder o autoridad, temor a perder el control de la disciplina en el aula o sentirse intimidado o puesto en ridículo por alumnos, sentirse desbordado ante un alumno indisciplinado, entre otras situaciones típicas de un salón de clases.
A veces se evidencia en desaprobación de exámenes, falta de oportunidades para un alumno equis, trato distante o discriminatorio, castigos o amenazas desproporcionadas, hasta llegar a la desagradable situación de acoso sexual, racial o de otra índole.

¿A qué edad están más expuestos?

Según las investigaciones realizadas, los grupos de edad más expuestos al acoso son los pre adolescentes y los adolescentes, o sea en edades cronológicas entre 9 a 13 años.

Medidas preventivas

Las medidas van en doble dirección: La familia y la escuela. En la familia hay unas pautas esenciales en las que la comunicación, el escuchar a los hijos, ocupa un lugar preponderante. Hay que estar pendientes de los síntomas antes mencionados y ejercer control sobre sus conductas: qué hacen, adónde van, sus compañeros de juegos, amigos, sus intereses, etcétera.

En el hogar hay que preocuparse por educar, guiarlos para que puedan ir enfrentando situaciones que puedan encontrar en sus vidas, haciendo frente a la intimidación, sin exponerse a la agresión física ,sin sobreprotección ni exceso de autoridad, pero transmitiendo siempre apoyo y dándoles tiempo de calidad, interesándose en sus vidas y proyectos y valorando los mismos. También implicándose en su vida escolar.

Poner límites a sus conductas; trabajar el control de sus emociones, educar en la no violencia, ni física, ni verbal, para evitar que se conviertan en acosadores o víctimas.

Trabajar la empatía. Que sean capaces de ponerse en lugar de otros y experimentar cómo el otro siente sus emociones. Es importante que sean capaces de denunciar casos de acoso que presencien, que no se conviertan en meros espectadores.

Los padres deben recordar que son un ejemplo transmitiendo valores como la tolerancia, el respeto y la igualdad. Deben procurar usar modales apropiados con todo el que le rodea. 




En la escuela: Crear un protocolo y normas de conducta que denuncien el acoso y lo prevengan. Poner vigilancia en zonas de riesgo dentro de la instalación; propiciar la educación en valores; la práctica de modales idóneos entre los compañeros, profesores y personal de apoyo en la escuela; intervenir ante los casos denunciados y procurar la rápida identificación de los casos. También procurar que los docentes colaboren y sean capaces de actuar ante las agresiones o humillaciones que sufran sus alumnos. elcaribe.com.do

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