martes, 15 de marzo de 2016

Las estadísticas no reflejan una baja de la delincuencia


Seguridad ciudadana

Resultado de imagen para Las estadísticas no reflejan una baja de la delincuenciaSANTO DOMINGO.-Los indicios de las estadísticas oficiales sobre la delincuencia y la inseguridad ciudadana imposibilitan analizar de manera objetiva esta problemática.



Las cifras del Gobierno demuestran que, tal y como lo señaló el presidente Danilo Medina en su última rendición de cuentas, los últimos cuatro años las muertes por homicidio han descendido. Sin embargo, los homicidios “por delincuencia” no ha tenido el mismo comportamiento. 


Los cinco informes del Observatorio de Seguridad Ciudadana de República Dominicana (OSC-RD), que reúne las estadísticas sobre muertes violentas, arrojan que desde el 2011 al 2015 han ocurrido 10 mil 264 homicidios, con una tendencia a la baja de 2,517 muertes en 2011 y 1,675 en el 2015. Si usamos la cifra estandarizadas que utiliza el Gobierno para determinar el impacto de sus políticas en la lucha por preservar la seguridad ciudadana y que sirven de parámetro de comparación con otros países, podemos concluir que las muertes por homicidio bajaron del 2012 entre 22 y 24 por 100 mil habitantes a 17 homicidios por 100 mil habitantes, en 2015. 



En OSC-RD registra 497 muertes por “delincuencia” en 2011. En 2012 esa cifra aumentó a 624. En el 2013 y 2014 hubo una reducción de 540 a 467, respectivamente. Pero en el 2015 hubo 516 muertes por delincuencia, 49 muertes más que el año anterior. 



La socióloga y especialista en seguridad ciudadana Lilian Bobea explica que la ciudadanía puede creer “sí o no” en las estadísticas oficiales. “Un indicativo de la falta de fiabilidad de los datos es que las dos categorías que mayormente coluden la información de homicidios y muertes violentas son las categorías “otros” y “riñas personales”. Estas dos nomenclaturas suponen un subregistro importante. ¿Cuántos de estos eventos registrados como riñas no tienen que ver con motivaciones delictivas, como ajustes de cuentas, negocios ilícito y vendettas?”, se cuestiona Bobea. 



La doctora, quien es también directora de la Plataforma Centroamericana-Caribe para la Seguridad Democrática: Cooperación para la Paz (Co-Paz), asegura además que la “manipulación o el manejo viciado” de las estadísticas es práctica común y conveniente para los gobiernos e instituciones encargados de garantizar la seguridad. “La mayoría de los gobiernos, incluyendo los dominicanos, entienden erróneamente que mientras más supuestos delincuentes sean encarcelados, o ‘sacados del medio’ más eficiente se proyectan instituciones como la Policía, las fiscalías y el Ministerio Público en el control de la seguridad”, asegura. Esto da paso a “falsos positivos” o inocentes eliminados y a los “intercambios de disparos”, que de acuerdo con la especialista es otro falso mecanismo de demostrar que la Policía cumple con su deber.



Cambios la metodología y categorías



Para Bobea, las instituciones que recolectan información de este tipo cambian las categorías y metodologías de recolección de información, lo que impide determinar tendencias dentro del país y menos comparar con el contexto regional. Y ello provoca que el país quede fuera, con frecuencia, de los análisis comparativos sobre patrones, tendencias y proyecciones de inseguridad de América Latina. 



elCaribe constató cómo dentro de los mismos informes de OSC-RD, que fabrican sus documentos con las instituciones encargadas de registrar las muertes violentas y hechos delictivos, difieren conforme a categorías e incluso tiene errores al ofrecer números distintos del mismo dato, en uno y otro informe. 



Por ejemplo, el año 2013 tiene dos cifras diferentes en la categoría de homicidios (1,978 muertes en el informe del año 2012-2013 y 1,991 en el informe 2013-2014) con una diferencia de 13 fallecimientos. Otro asunto está en conseguir categorías similares que sirvan de balance para analizar los últimos cuatro años consecutivos. 



Las categorías por delincuencia agrupa las siguientes causas: robos y atracos, intentos de robo y atracos, narcotráfico, en servicio, sicariato, violación sexual, secuestro y otros. Y en el informe del año 2012, se contabiliza, de manera individual, las categorías “en servicio” con ocho muertes y “fuerza de seguridad del Estado”, con 253. Las tres causas más comunes de homicidios son la convivencia (riña, violencia intrafamiliar, accidental y otros), delincuencia y las muertes a manos de la Policía. 



Bobea pone como ejemplo de la “discordancia” del sistema nacional con otros de la región, los vacíos en la recolección de eventos criminológicos emergentes como los linchamientos, secuestros, el sicariato, la extorsión, el pandillerismo, la violencia intercomunitaria y la violencia política. 



“Estos fenómenos reflejan una realidad que va complejizándose y deben ser categorizadas y medidas apropiadamente”, dice Bobea, no sin antes reconocer que las cifras negras (delitos no registrados en las estadísticas) ocurren en todos los sistemas.



Lilian Bobea, quien es profesora en Bentley University, Massachusetts, concluye que la información de calidad, cuantitativa y cualitativa, es vital para dar con estrategias que sirvan contra este mal.


Robos y atracos son difíciles de medir
Los informes del OSC-RD indican que en 2012 hubo 12,537 denuncias de robos registradas, en 2013 la cifra bajó a 11,402 y en el 2014 esa tendencia continuó hasta las 10,115 cifras. Pero en el 2015, esta categoría solo se refiere a las denuncias por robo de automóviles y motocicletas, pendiente de publicar los números referentes a los robos generales. Estas cifras tampoco reflejan cuántas personas son realmente víctimas de un atraco o robo. Muchos de esos incidentes no paran en las estadísticas oficiales y Bobea achaca esto a la desconfianza de la población en la Policía para resolver un problema. “También teme que en estos actos de ratería estén involucrados personas de las mismas instituciones que están supuestas a prevenir”, advierte. En los últimos años las encuestas de alto prestigio han arrojado cómo la sensación de inseguridad crece. Greenberg Diario Libre publicó el pasado 1 de marzo que el 85% de la ciudadanía se sentía insegura.

Fuente: elcaribe.com

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